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1) CTS y Educación.
Los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y la
educación tienen espacios significativos de interacción.
CTS es un campo interdisciplinar en el que se plantea una consideración
socialmente contextualizada de la actividad científica y
tecnológica y se promueve una mayor participación
social en las decisiones que la orientan. Ambos propósitos
tienen en el ámbito educativo un escenario especialmente
propicio para su desarrollo. Con la educación se pretende
la integración de los individuos en su contexto social a
través de la adquisición de los conocimientos, las
destrezas y las actitudes necesarias para su participación
activa en la vida social y el ejercicio de la ciudadanía
en sociedades complejas y democráticas. Por tanto, en
la interacción entre saberes y valores es donde la acción
educativa y los estudios CTS tienen su principal espacio de confluencia.
Desde CTS se reivindica un desarrollo tecnocientífico sensible
a los compromisos sociales por razones similares a las que definen
la educación de los individuos como algo más que la
enseñanza de determinados saberes. La referencia a lo valorativo
es imprescindible para dar significado a la acción educativa
(1)
y para dar sentido al progreso tecnocientífico (2)
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(1)
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(2)
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La historia del desarrollo tecnocientífico y la historia
de la educación han tenido un momento clave en la aparición
de las sociedades industriales. Los siglos XIX y XX estuvieron
marcados por la alianza entre el desarrollo industrial y la innovación
tecnocientífica. Uno de los resultados de esta alianza fue
una inusitada aceleración del cambio social que, de ser un
proceso suprageneracional (3)en
los siglos y milenios anteriores, pasó a tener una dimensión
intergeneracional durante el siglo XX y hasta intrageneracional
al comenzar el siglo XXI. La educación en las sociedades
preindustriales no requería instituciones específicas
ni largos periodos de adiestramiento. Los saberes, destrezas y normas
que el individuo debía interiorizar eran básicamente
los mismos durante generaciones y para adquirirlos bastaba con el
contacto directo con las labores (4)
y hábitos del mundo adulto de unas comunidades que sufrían
pocos cambios de una generación a otra. Sin embargo, con
la revolución industrial se abre una época en los
que los saberes, las habilidades y las costumbres de la tradición
comunitaria no resultan adecuados para la inserción del individuo
en un mundo que se transforma radicalmente de una generación
a otra. La relación entre el aprendiz y el maestro se torna
especializada y se aísla en contextos específicos
durante un tiempo relativamente largo que incluye al menos la infancia
y, a veces, la juventud. Así va ganando importancia social
la institución escolar como lugar que alberga un creciente
caudal de conocimientos y normas (lo que se conoce como currículo
(5)),
de carácter muy específico (las disciplinas escolares
(6))
y cuya legitimación suele hallarse no sólo en la conservación
del acervo común del pasado sino, principalmente, en la preparación
y capacitación del individuo y las sociedades para los retos
del futuro.
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(3)
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(4)
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(5)
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Las instituciones escolares tienen, por tanto, un papel especialmente
relevante en el nuevo contexto de las sociedades industriales haciendo
posible la preparación y adaptación de los individuos
para ocupar su lugar en el sistema productivo y propiciando el desarrollo
y difusión de los saberes tecnocientíficos. La relación
entre desarrollo industrial (que condiciona el nuevo marco social),
desarrollo tecnocientífico (que se incorpora al currículo
en la forma de disciplinas escolares) y escuela (el nuevo escenario
de socialización y educación de la infancia) tiene,
por tanto, una intensa trayectoria en los dos últimos siglos
siendo difícil entender la historia de cada uno de ellos
sin hacer referencia a los otros dos.
La Ilustración había defendido que, frente al oscurantismo
anterior, la difusión de los nuevos saberes era la condición
para hacer posible la construcción de la ciudadanía
y el progreso social. Es este impulso el que, en el plano ideológico,
justifica la necesidad de promover la extensión de la educación
escolar (7).
Desde el siglo XIX las instituciones educativas van adquiriendo
progresivamente un papel destacado, no sólo en el desarrollo
de la investigación científica en los niveles universitarios,
sino también en la divulgación de sus resultados en
los centros de enseñanza primaria y secundaria. Paralelamente,
la industria es el escenario del desarrollo tecnológico mostrando
la fuerza de la lógica positivista según la cual más
ciencia implica más tecnología, que a su vez implica
mayor desarrollo económico del que se derivará mayor
progreso social (8).
La alianza entre tecnología e industria es saludada como
expresión de los nuevos tiempos de manera análoga
a como la entrada de las ciencias en las escuelas es considerada
como un factor determinante para la superación de los prejuicios
dogmáticos tradicionales (9).
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(7)
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(8)
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(9)
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La modernización y el progreso son, por tanto, las ideas
que van asociadas con la introducción de la enseñanza
de las ciencias en las escuelas y la innovación tecnológica
en la industria. Modernizar la industria supone introducir tecnologías
materiales en sus procesos productivos y organizar el trabajo con
técnicas no por menos visibles menos eficientes. Por su parte,
las reformas escolares son consideradas como modernizadoras en un
proceso que a lo largo del siglo XX ha tendido ha ido sustituyendo
las viejas disciplinas (en el doble sentido de los saberes tradicionales
y de los métodos para su transmisión) por los nuevos
saberes científicos. La ciencia entra en la escuela con la
pretensión de renovar los contenidos de la enseñanza
(las tradicionales asignaturas herederas de la tradición
escolástica son sustituidas progresivamente por las nuevas
ciencias experimentales), la percepción sobre el alumno y
sobre su proceso de aprendizaje (la idea de un alumno pasivo que
repite las lecciones de forma mecánica es desterrada por
la psicología científica que analiza los procesos
de aprendizaje) y hasta la propia idea de en qué consiste
la actividad educativa (las teorías de la educación
destierran el tosco principio tradicional de que la letra
con sangre entra sustituyéndolo por diagnósticos
muy variados sobre la naturaleza de la educación y propuestas
didácticas mucho más complejas y fundamentadas).
Por tanto, la modernización educativa e industrial se
han asociado con la entrada en esos ámbitos de las ciencias
(como materias escolares y como didácticas científicas)
y las tecnologías (como artefactos para la producción
y como sistemas organizacionales). Sin embargo, en las últimas
décadas ha entrado en crisis la idea de que este tipo de
modernización, heredero del positivismo, deba ser identificado
necesariamente con el progreso. El desarrollo industrial y sus promesas
de mejora social universal han sido cuestionados tras la Segunda
Guerra Mundial discutiéndose la inocencia de los modelos
lineales de desarrollo. En el último tercio del siglo XX,
coincidiendo con el cuestionamiento de la concepción heredada
de la ciencia (10),
también entra en crisis ese modelo de modernización
educativa en el que las reformas escolares se identifican con la
incorporación de las novedades científicas en los
currículos.
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(10)
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No es de extrañar, por tanto, que en las dos últimas
décadas se hayan desarrollado intensamente los planteamientos
CTS dentro y fuera del ámbito educativo.
2) Finalidades y métodos de la educación CTS.
La modernización educativa se ha asociado con frecuencia
con una mayor presencia de la ciencia (y, en menor medida, de la
tecnología) en los currículos escolares. Incluso,
cabría aventurar la idea de que las diferencias entre reformas
y contrarreformas escolares podrían traducirse en la pugna
por su presencia escolar entre las disciplinas científicas
y tecnológicas (casi siempre consideradas como novedosas
y abiertas al futuro) y las disciplinas humanísticas (habitualmente
percibidas como más tradicionales y dirigidas a reivindicar
el valor del conocimiento del pasado). Los escenarios escolares
y sus procesos de cambio curricular no han sido ajenos a la disputa
entre esas dos culturas (11).
Sin embargo es difícil asegurar que los saberes humanísticos
que se enseñan en las instituciones escolares estén
necesariamente alejados del progreso social y que los saberes tecnocientíficos
sean siempre solidarios con él. Si el fin de la acción
educativa es la formación de ciudadanos capaces de comprender
el mundo en el que viven, de manejarse adecuadamente en él
y de participar activamente en su mejora, no parece claro que la
modernización escolar esté decididamente del lado
de una de las dos culturas. Enseñar filosofía, literatura
o historia, igual que enseñar física, química
o biología, pueden servir adecuadamente a esas finalidades
educativas o no tener relación alguna con ellas. La cuestión
no es si deben enseñarse más ciencias o más
humanidades, sino la orientación, la selección de
los contenidos y los métodos que pueden facilitar que unas
y otras enseñanzas lleguen a ser buenos medios para esas
finalidades educativas más generales.
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(11)
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En este sentido, la educación CTS promueve precisamente
un espacio de encuentro entre esas dos culturas habitualmente incomunicadas.
Aportando una mirada socialmente contextualizada de la actividad
científica y tecnológica, CTS incorpora la riqueza
interpretativa de las disciplinas humanísticas y sociales
para entender en qué consiste la actividad tecnocientífica
y cómo se desarrolla. Mostrando la importancia social de
la ciencia y la tecnología y la necesidad de participar en
las decisiones relacionadas con su desarrollo CTS enfatiza la relevancia
educativa de la enseñanza de las ciencias y las tecnologías
para la propia sociedad. CTS en educación es, por tanto,
un campo multidisciplinar e interdisciplinar con una explícita
voluntad de superar las fronteras que frecuentemente cuartean los
currículos y favorecer las interacciones y colaboraciones
entre los distintos campos.
Si hubiera que resumir brevemente los objetivos de la educación
CTS habría que resaltar principalmente dos:
1.Mostrar que la ciencia y la tecnología son importantes
y accesibles para los ciudadanos y, por tanto, hacer posible
su alfabetización tecnocientífica.
2.Propiciar el aprendizaje social de la participación
pública en las decisiones tecnocientíficas y,
por tanto, favorecer una educación para la participación
democrática también en ciencia y tecnología.
Hacer sensibles los ciudadanos a la cultura científica.
Mostrarles que la ciencia y la tecnología son construcciones
humanas y que, por tanto, también reflejan los deseos, los
intereses y los valores de los humanos. Dotarles de las herramientas
conceptuales que les permitan comprender el mundo en el que viven
y comprometerles con la idea de que las decisiones sobre el rumbo
del conocimiento científico o la transformación tecnológica
de la realidad no pueden delegarse en los expertos tecnocientíficos
porque sus consecuencias afectan a todos. Éstos serían
algunos de los objetivos relacionados con la primera de las finalidades
descritas.
Promover que los ciudadanos opinen, contrasten, y juzguen las distintas
alternativas existentes en relación con el desarrollo de
las ciencias y las tecnologías. Habituarles a hallar las
dimensiones éticas, políticas, estéticas, económicas
y en general valorativas presentes en muchos de los problemas que
se presentan como técnicos. Fomentar hábitos de discusión
racional, de negociación y de toma de decisiones democrática
en relación con los problemas concretos en los que la ciencia
y la tecnología tienen consecuencias sociales. Éstos
serían algunos de los objetivos en línea con la segunda
de las finalidades de la educación CTS que se han enunciado.
De estas dos finalidades generales pueden derivarse algunas consecuencias
prácticas sobre las características que deberían
tener los diferentes elementos del currículo para promover
una educación CTS. En la siguiente tabla se proponen algunas
de ellas:
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Finalidades
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Comprender la ciencia y la tecnología en contexto
social
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Participar en decisiones relacionadas con el desarrollo
tecnocientífico
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Contenidos
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- Presentación de los contenidos tecnocientíficos
con referencias a los contextos históricos y sociales
en los que aparecieron.
- Análisis de los aspectos tecnológicos que
están en la base de los conocimientos científicos
y de los conocimientos científicos utilizados para
el diseño de los artefactos tecnológicos.
- Análisis de los aspectos valorativos presentes
en el origen de las teorías científicas y
los artefactos tecnológicos.
- Interacción entre los saberes tecnocientíficos
y humanísticos.
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- Presentación de las implicaciones sociales de
los desarrollos tecnocientíficos que se tratan.
- Análisis de los aspectos controvertidos sobre
los valores inherentes a determinados conocimientos científicos
y desarrollos tecnológicos.
- Identificación de los diferentes intereses y puntos
de vista que pueden manifestarse ante determinadas decisiones
relacionadas con el desarrollo tecnocientífico.
- Ejemplificación de controversias sobre decisiones
tecnocientíficas tanto en los niveles macro (política
científica, proyectos internacionales, controversias
globales...) como micro (consumo, proyectos locales, controversias
próximas...)
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Metodologías
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- Estudios de casos mediante proyectos de investigación
individuales o en equipo.
- Análisis de los perfiles biográficos de
científicos o ingenieros.
- Elaboración de relatos sobre los contextos históricos
y sociales en los que se aparecieron determinados desarrollos
tecnocientíficos.
- Exposiciones públicas sobre los trabajos realizados.
- Visitas a museos o centros de investigación y desarrollo.
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- Participación en debates sobre controversias tecnocientíficas.
- Reportajes sobre polémicas reales.
- Encuestas sobre percepción pública de determinadas
cuestiones polémicas relacionadas con la ciencia
y la tecnología.
- Análisis sobre las referencias en los medios de
comunicación (prensa, televisión, internet...)
sobre determinadas controversias tecnocientíficas
- Elaboración y difusión pública de
propuestas consensuadas de decisión sobre determinadas
controversias tecnocientíficas.
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Evaluación
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- Sobre la originalidad y pertinencia de proyectos o informes
realizados de forma individual o en equipo.
- Sobre la calidad de las exposiciones públicas
de los trabajos realizados.
- Sobre la coherencia de proceso seguido y el interés
de los productos logrados.
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- Sobre la capacidad para el intercambio dialógico.
- Sobre la disposición a la comprensión de
las posturas ajenas y a la negociación y el consenso.
- Sobre la viabilidad de los proyectos y decisiones que
se proponen.
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Esas dos finalidades de la educación CTS suponen cambios
importantes en los modos habituales de entender la acción
educativa. Desarrollar en los alumnos las capacidades para comprender
la ciencia y la tecnología en contexto social y para aprender
a participar en las decisiones relacionas con ellas son finalidades
educativas que requieren importantes cambios en la selección
de los materiales didácticos, en la organización de
las actividades de enseñanza y aprendizaje así
como en la formación y en la profesionalidad docente.
A continuación se formulan una serie de indicadores que podrían
servir para evaluar la pertinencia de determinadas acciones educativas
en relación esas finalidades descritas de la educación
CTS.
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Profesionalidad docente
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1) Autonomía en el diseño de las actividades
de enseñanza.
2) Disposición y hábitos para el trabajo en
equipo con otros docentes.
3) Disposición a evaluar y revisar las prácticas
de enseñanza.
4) Actitud crítica en la interpretación del
currículo.
5) Flexibilidad en el desarrollo curricular.
6) Capacidad para crear de climas de aula proclives a la
comunicación y la participación.
7) Recelo ante las rutinas e interés por la innovación
y las actividades motivadoras.
8) Interés y capacidad de relacionar los conocimientos
teóricos con los contextos cotidianos.
9) Apertura a la interacción entre el aula y el entorno.
10) Consideración de la formación como un requerimiento
de la profesionalidad docente sin entender ésta como
cristalizada tras la formación inicial.
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Actividades y relaciones en el aula
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1) Configuración del aula como un espacio de comunicación
e intercambio multidireccional.
2) Configuración de redes cooperativas de aprendizaje
en el aula.
3) Acompañamiento del profesor como organizador, orientador
y asesor en las diversas actividades, superando el tradicional
rol vertical de transmisor de toda la información.
4) Corresponsabilidad de los alumnos en el establecimiento,
coordinación y control de la agenda de actividades.
5) Consideración del aula como un espacio democrático
de participación afín y preparatorio para la
participación democrática de la ciudadanía
en el gobierno y control de la actividad tecnocientífica.
6) Diseño de actividades orientadas a un trabajo tenaz
de búsqueda y construcción de conocimientos,
destrezas y hábitos participativos frente a la mera
asimilación y reproducción de informaciones
determinadas.
7) Continuidad e interacción entre las tareas de carácter
conceptual y práctico superando la secuencia teoría-práctica
(demostración-ilustración) como dos fases sucesivas
y jerarquizadas.
8) Potenciación de la actitud crítica y las
habilidades para la evaluación de los dilemas valorativos
que se plantean en el desarrollo tecnocientífico.
9) Promoción de las vocaciones y el interés
por la actividad tecnocientífica a través de
la vivencia de la satisfacción cotidiana que comporta
conocer, manejar y participar en los temas relacionados con
ella.
10) Participación de los alumnos en los procesos de
evaluación.
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Materiales didácticos
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1) Flexibilidad para su uso en aulas cooperativas y participativas.
2) Sistematismo educativo de las unidades de modo que las
distintas tareas y actividades respondan a una organización
lógica y finalista.
3) Carácter semiabierto de las tareas y actividades
que facilite y apoye la construcción por los alumnos
de sus procesos de aprendizaje.
4) Organización didáctica con relativa independencia
de las tradiciones en las disciplinas evitando la mera traducción
a niveles básicos de la articulación de los
contenidos prevista para niveles superiores.
4) Relevancia social de los temas, contenidos e informaciones
sobre las que se trabaja.
5) Verosimilitud de las informaciones que no impide el uso
de informaciones ficticias para el desarrollo de simulaciones
sobre procesos de negociación y participación
relacionados con el desarrollo tecnocientífico.
6) Variedad temática y de formatos incluyendo el uso
de las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación como un recurso básico y cotidiano
para el aprendizaje.
7) Adecuación a los destinatarios en los niveles de
dificultad, formas de expresión y elementos motivacionales.
8) Incorporación de controversias valorativas sobre
la ciencia y la tecnología superando el tópico
según el cual la actividad tecnocientífica es
axiológicamente neutral
9) Continuidad entre los referentes específicos del
aula-ordinaria, el aula-laboratorio o el aula-taller y entre
todos ellos y la realidad de la actividad tecnocientífica
y sus efectos para la sociedad y el medio ambiente.
10) Incorporación de la dimensión lúdica
y creativa en los materiales didácticos destinados
a la educación tecnocientífica.
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3) Enfoques de la educación CTS.
La apertura a la interdisciplinaridad que caracteriza a los enfoques
CTS hace difícil delimitar de forma precisa su campo de estudio.
En los últimos años la difusión del acrónimo
en el ámbito educativo ha hecho que iniciativas con planteamientos
muy distintos y hasta distantes en sus propósitos se adscriban
a dicho enfoque por el valor añadido que comporta en la innovación
educativa (12).
La polisemia del enfoque y la ausencia de criterios de demarcación
precisos sobre sus implicaciones educativas son elementos positivos
que favorecen la apertura a iniciativas diversas. En todo caso,
conviene señalar algunos límites sobre lo que no debería
ser considerado con propiedad como proyectos o propuestas de educación
CTS.
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(12)
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CTS no debe ser (solamente) un curso de filosofía
o de historia de la ciencia y la tecnología: La filosofía
de la ciencia y la tecnología, especialmente en las aportaciones
postkuhnianas, es una de las fuentes epistemológicas que
han hecho aportaciones significativas al campo de los estudios CTS.
Sin embargo, el potencial educativo de este enfoque quedaría
muy mermado si su implantación educativa se redujera a la
incorporación en los currículos de contenidos procedentes
de la más reciente filosofía de la ciencia y de la
tecnología (o de la sociología, la ética...)
El reduccionismo temático que ello implicaría significaría,
además, su apropiación por parte de un gremio (el
de los filósofos) y finalmente la ubicación de sus
contenidos en el espacio específico de las disciplinas filosóficas
en la enseñanza. Por otra parte, también se podría
considerar que CTS en educación podrían aportar una
mirada histórica sobre las ciencias y las tecnologías.
Es cierto que la contextualización social del conocimiento
científico y de los desarrollos tecnológicos que este
enfoque plantea es solidaria con una enseñanza de la ciencia
y la tecnología que no oculte la evolución de los
marcos históricos en los que se han desarrollado las diversas
disciplinas. Además, la enseñanza de las ciencias
y las tecnologías suele considerar que la falta de tiempo
(escolar) impide tratar adecuadamente la forma en que los descubrimientos
científicos y los diseños tecnológicos se fueron
sucediendo en el tiempo (histórico). Por tanto, la tentación
de un reduccionismo historicista de los enfoques CTS también
existe a la hora de plantear en su implantación educativa.
Sin embargo, con ser importante, la historia no es la principal
aportación que puede suponer CTS en la educación.
Para la formación de la ciudadanía del presente ante
los retos tecnocientíficos que le esperan en el futuro no
es la única (ni la mejor) estrategia la revisión de
lo que ha sido el desarrollo de la ciencia y la tecnología
en el pasado.
CTS no debe ser (solamente) una dimensión puntual
en la enseñanza de las ciencias y la tecnologías:
La diferencia entre los términos dimensión
y enfoque aplicada a la educación CTS resulta
más significativa de lo que puede parecer a primera vista
en el contexto de la enseñanza de las ciencias y las tecnologías.
La educación CTS en la enseñanza de las ciencias y
las tecnologías puede interpretarse como una yuxtaposición
puntual entre los contenidos propios de esas didácticas (lo
mayoritario y central) y las aportaciones procedentes del campo
CTS (lo minoritario y marginal). En este sentido CTS puede ser considerado
como una oportunidad para incorporar (si hay tiempo) alguna unidad
temática puntual sobre esos temas o algún apartado
al final de cada unidad. Esos complementos CTS a la enseñanza
usual de los contenidos científicos y tecnológicos
se propondría a modo de ilustración o como elemento
motivador en relación con el resto de los contenidos. Ciencia
y Sociedad o Tecnología y Sociedad (13)
son algunos de los títulos que aparecen a veces en lugares
marginales de los libros de texto con ese propósito Sin embargo,
ese uso yuxtapuesto de los componentes CTS como ilustración
o como aplicaciones externas a la actividad tecnocientífica
supone una consideración anecdótica y marginal de
esos aspectos en relación con los demás contenidos
que se enseñan (14).
La dimensión CTS no debería simplemente yuxtaponerse
a la enseñanza usual de las ciencias y las tecnologías
ya que suponer que lo social y lo valorativo son aspectos externos
a la actividad tecnocientífica que pueden ser analizados
como una dimensión complementaria implica mantener, en cierto
modo, una visión positivista sobre la naturaleza de la ciencia
y la tecnología y sobre su enseñanza. La alternativa
más adecuada sería, por tanto, intentar promover una
enseñanza de las ciencias y las tecnologías (incluso
también de otros ámbitos disciplinares como las humanidades)
reorientada en clave CTS. El alcance de esa reorientación
dependerá de las posibilidades de cambio y reconstrucción
que sea factible en cada contexto educativo. Quizá no siempre
sea posible reorganizar el conjunto de los contenidos que se enseñan
haciendo explícitas cotidianamente las referencias CTS, pero
no se debería perder de vista que ese sería el horizonte
más deseable. En la práctica puede resultar inevitable
restringir el peso curricular que el enfoque CTS puede tener en
la organización de las enseñanzas a determinados ámbitos
específicos (como temas o como materias especiales), pero
ello no implica que ese deba ser su lugar más apropiado.
Por ello parece oportuno seguir hablando de enfoque
CTS (más que dimensión) en la enseñanza
de las ciencias y las tecnologías.
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(13)
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(14)
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CTS no debe ser (en ningún caso) un espacio para la
propaganda tecnófila o tecnófoba: Una última
tentación es la de considerar CTS como un espacio educativo
propicio para el activismo radical. Quienes consideran que todos
los resultados de la ciencia y la tecnología son socialmente
benéficos aunque sus conocimientos y procesos resulten difíciles
para los ciudadanos, pueden ver en CTS una oportunidad para hacer
propaganda tecnófila en el ámbito educativo mostrando
una imagen siempre benéfica de la actividad tecnocientífica.
En el polo opuesto, quienes acusan al desarrollo tecnocientífico
de ser la causa de los principales males que afectan a la humanidad
y al medio ambiente pueden ver en CTS la oportunidad para llevar
al ámbito educativo su denuncia tecnófoba mostrando
sólo aquellas consecuencias de la actividad tecnocientífica
que son más negativas. En la medida en que la ciencia y la
tecnología no son ni divinas ni diabólicas la educación
CTS deberá huir de esas posturas maniqueas. En este sentido
una educación laica en relación con estas actitudes
radicalizadas deberá presentar a la ciencia y la tecnología
como actividades enmarcadas en, y con consecuencias sobre, la sociedad
y el medioambiente. CTS en educación deberá mostrar
la ambivalencia propia de la actividad tecnocientífica que,
como cualesquiera otras actividades humanas, es susceptible de un
juicio crítico en el que se evidenciarán sus luces
y sus sombras, las grandes ventajas que para la vida humana ha supuesto
y supone el desarrollo tecnocientífico y los indudables riesgos
que también comporta para el medio ambiente y la sociedad
si no se evalúan y controlan democráticamente las
decisiones sobre el rumbo de su desarrollo.
En cierto modo, en la antítesis de estas últimas
presentaciones demagógicas (a favor o en contra) de la actividad
tecnocientífica es donde se sitúan los perfiles genuinos
de la educación CTS. Distanciándose de esos maniqueísmos
simplistas y superando los anteriores reduccionismos es como CTS
puede contribuir a desarrollar los principales fines educativos
relacionados con el ejercicio de la ciudadanía en sociedades
democráticas y complejas. La ciencia y la tecnología
son constitutivas de la realidad del presente y lo serán
mucho más en el futuro, por ello la educación de los
ciudadanos debe facilitarles un contacto con ellas que supere los
temores infundados y las confianzas ciegas en lo que de ellas cabe
esperar. Poniendo de manifiesto, por un lado, que la actividad
tecnocientífica es una actividad humana y, por tanto,
incorpora los intereses y los valores propios de los humanos que
la desarrollan en cada contexto histórico y social es como
CTS puede aportar una comprensión más ajustada sobre
la naturaleza de la ciencia y la tecnología. Propiciando,
por otro lado, los hábitos de evaluación, participación
y negociación en la toma de decisiones sobre las controversias
y asuntos relacionados con el desarrollo tecnocientífico
es como CTS puede contribuir a la formación de una ciudadanía
responsable, comprometida y capaz de dirigirlo y de controlarlo
democráticamente. Ambas finalidades son lo suficientemente
relevantes como para hacer evidente la importancia y centralidad
que CTS debe tener en educación.
4) Experiencias y modos de implantación de CTS en la enseñanza.
Aunque CTS en educación es, sin duda, una propuesta de futuro
que aún resulta novedosa en la enseñanza de las ciencias
y la tecnología y que, por tanto, sigue alejada de las inquietudes
y actitudes(15)
de muchos docentes, en los últimos años son numerosas
las experiencias que han dado contenido a este enfoque educativo
en diferentes países. Tales experiencias pueden ser clasificados
de diferentes formas, una de ellas es la que adopta como criterio
el modo de implantación de las mismas en el currículo
y el grado de transformación que implican en las enseñanzas
de ciencias y tecnologías. En este sentido, se podrían
agrupar las experiencias internacionales sobre educación
CTS en tres grandes categorías: a) injertos de contenidos
CTS en materias científicas y tecnológicas, b) replanteamiento
de los contenidos de algunas materias en clave CTS, y c) inclusión
en el currículo de materias o contenidos de CTS pura con
ese u otro nombre. A continuación se describe el alcance
y las implicaciones de cada uno de esos tres modos de implantación
y se comentan brevemente algunas de las experiencias internacionales
en cada una de ellas incluyendo las que se han diseñado o
adaptado para su uso en el contexto iberoamericano.
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a) Injertos de contenidos CTS en materias científicas
y tecnológicas. Se trata del modo más asequible
de implantación de los contenidos CTS en la enseñanza.
En estas experiencias se mantiene la estructura general de los currículos
y la mayor parte de los contenidos habituales de ciencias y tecnologías
incorporándose algunos temas o unidades cortas CTS para ser
abordadas como apartados que complementan, con una perspectiva social,
el resto de los contenidos tecnocientíficos de una determinada
disciplina. Uno de los propuestas más clásicas en
este formato es el proyecto SATIS (16)que
ha tenido cierta continuación en los proyectos SAE y
SAW (17).
Aunque no nacieron con una vocación explícitamente
CTS sino, más bien, para la difusión en el ámbito
europeo de los temas relacionados con las biotecnologías,
también algunas de las unidades desarrolladas por el proyecto
EIBE (18)pueden
ser consideradas como propuestas CTS dirigidas a ser utilizadas
como alternativa o complemento para algunos temas de Biología.
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b) Replanteamiento de los contenidos de algunas materias en
clave CTS. Una segunda modalidad de implantación de los
contenidos CTS más ambiciosa es la reestructuración
de los contenidos de las disciplinas tecnocientíficas haciendo
que el centro de gravedad de las mismas y los hilos conductores
en su organización didáctica dejen de ser los contenidos
conceptuales clásicos en ellas. En estas propuestas se enseñan
todos los contenidos a través de ciertos temas, casos o problemas
de clara relevancia social o ambiental. Aunque se trata de una propuesta
mucho más ambiciosa y, por tanto, de desarrollo más
complejo, son varios los proyectos que se han experimentado siguiendo
este planteamiento. Cabe destacar el proyecto PLON (19),
centrado en la enseñanza de la Física, o los proyectos
SALTERS (20)
y APQUA (21),
orientados a la enseñanza de la Química.
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c) Inclusión en el currículo de propuestas puras
de CTS. Se trata de experiencias que rompen con la dependencia
de un ámbito disciplinar determinado y tienen una vocación
explícitamente centrada en las cuestiones CTS. En ocasiones
se desarrollan materiales didácticos independientes y versátiles
que pueden ser utilizados en contextos curriculares diversos como
el proyecto SISCON (22).
Otras veces la iniciativa parte del propio marco normativo incluyéndose
materias puras de Ciencia, Tecnología y Sociedad (23).
También existen proyectos sistemáticos para desarrollar
currículos CTS puros, pero que incorporan también
unidades que podrían ser utilizadas como injertos en las
disciplinas tecnocientíficas. Un ejemplo de este último
tipo es el proyecto ARGO (24)
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5) Los casos CTS como alternativa didáctica.
El formato más adecuado para la implantación educativa
del enfoque CTS en cada contexto dependerá de las condiciones
y posibilidades propias de cada sistema educativo. En todo caso,
sea cual sea el contexto de desarrollo curricular (apartado CTS
en una materia de ciencias o tecnología, materia reestructurada
en clave CTS o materia de CTS pura) conviene que las propuestas
didácticas que se desarrollen estén orientadas por
finalidades explícitamente CTS. Más arriba se han
descrito las dos finalidades básicas de la educación
CTS: acercar y hacer accesibles la ciencia y la tecnología
a los ciudadanos y propiciar hábitos para la participación
pública en su gobierno y control. Para ambas, pero especialmente
para la segunda, es especialmente adecuado el trabajo con casos
CTS. En ellos se planteen situaciones polémicas en las que
se ponen de manifiesto las complejas interacciones entre ciencia,
tecnología y sociedad a propósito de determinado asunto
controvertido. Los casos CTS educativamente relevantes han de tener
la suficiente apertura y flexibilidad como para propiciar el análisis
de distintas alternativas posibles y hacer necesaria la participación
de los ciudadanos en los procesos de decisión sobre ellas.
Estos casos se plantean, por tanto, como bastante más que
meras muestras de que determinados avances tecnocientíficos
han tenido o tienen implicaciones sociales o de que lo social ha
estado presente en la configuración de los desarrollos tecnocientíficos.
Con ser importantes, estos planteamientos no desbordarían
el plano de la dilucidación analítica sobre situaciones
que aparecen como cristalizadas e inmodificables. El estudio de
casos CTS, entendido como el tratamiento de controversias en torno
a decisiones en las que la ciencia, la tecnología y la sociedad
están estrechamente involucradas, permite ir más allá
de los análisis conceptuales y promover en las aulas verdaderas
experiencias de aprendizaje de los procesos de participación
pública que se realizan (o deberían realizarse) en
relación con esas decisiones. El estudio de casos tiene,
no obstante, varias posibilidades de desarrollo práctico
en las aulas: desde la recreación de casos históricos
hasta la simulación de controversias CTS, pasando por el
trabajo con casos de controversias CTS que se desarrollan en tiempo
real.
a) Casos CTS históricos: Se trata de controversias
sobre temas CTS que se dieron en algún momento del pasado.
Los casos que pueden ser llevados a las aulas no han de ser necesariamente
los correspondientes a las disciplinas científicas con más
tradición histórica (la revolución científica
de la Física y la Astronomía parece el ejemplo más
obvio), sino que también se podrían buscar ejemplos
de la Medicina, de la Psiquiatría o incluso en el urbanismo
(25).
En la historia de estas disciplinas el papel de lo tecnológico
y su relación con la sociedad puede hacerse aún más
visible que en los ejemplos clásicos de historia de las ciencias.
Es indudable que este tipo de casos tienen la ventaja didáctica
de abordar controversias clausuradas por la historia y, por tanto,
bien definidas. Dependiendo del contexto elegido pueden tener cierta
relevancia educativa y, precisamente por ser casos ya cerrados sobre
los que habrá habido estudios previos, resultarán
de fácil manejo didáctico en el aula, siendo bastante
accesible la información para su desarrollo. Entre los inconvenientes
de los casos históricos destacaría el hecho de tratarse
de asuntos escasamente motivadores para los alumnos ya que abordarían
polémicas no de nuestro tiempo sino del de otros seres humanos
ya desaparecidos. Por otra parte, no resulta fácil muy desarrollar
procesos efectivamente participativos en el aula con este tipo de
casos al ser conocidos de antemano los resultados de las controversias
que se han desarrollado en la historia.
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b) Casos CTS en tiempo real: Los medios de comunicación
ofrecen cada día ejemplos de posibles temas CTS de alto interés
educativo. A las portadas de los periódicos y los informativos
televisivos llegan polémicas relacionadas con la interacción
entre el desarrollo industrial y el medio ambiente (frecuentemente
cuando se producen desastres), las implicaciones económicas
y éticas de la investigación en biotecnologías
(por ejemplo, sobre asuntos llamativos como la clonación)
o intensas controversias sobre riesgos para la salud de determinados
agentes producidos artificialmente (alimentos, sustancias químicas,
campos electromagnéticos...) Se trataría, por tanto,
de controversias de plena actualidad y del máximo interés
educativo. Sin embargo, al ser abiertas y estar en constante redefinición
su manejo en el aula resulta bastante difícil. Y no por escasez
de información, sino, más bien, por la sobreabundancia.
El gran interés y la palpitante actualidad de los casos CTS
en tiempo real pueden acabar inundando el aula durante unos días,
reflejándose en ella las valoraciones (pero también
el apasionamiento y los prejuicios) que aparecen en el entorno sobre
esos temas. Ello dificulta una adecuada toma de perspectiva que
permita un trabajo educativamente más consolidable sobre
el tema. Por otra parte, la intensidad de este tipo de debates hace
que, igual que sucede en los propios medios de comunicación,
el tema no se cierre con una resolución clara que agota el
tema, sino que el tema acaba agotando y cansando al público
(sea el de los medios o el del aula) y su cierre coincide con la
aparición de una nueva controversia que suscita un nuevo
interés. No obstante, este tipo de casos, frente a los históricos,
resultan más motivadores para los alumnos al llevar el aula
asuntos que también preocupan fueran de ella.
c) Casos CTS simulados: Se trata de casos que intentan combinar
las ventajas de los dos anteriores evitando sus inconvenientes.
Serían controversias ficticias (26)
que se presentarían sobre decisiones tecnocientíficas
perfectamente verosímiles, aunque no reales. En ellos, las
polémicas se plantean como abiertas (como en los casos en
tiempo real), pero a la vez bien definidas (como en los históricos)
ya que la realidad no inunda la situación sino que ésta
se presenta de forma controlada. Los casos simulados no pierden
nada de la relevancia propia de los casos en tiempo real ya que,
aunque en ellos la controversia concreta es ficticia, tanto el tema
como la información que puede desarrollarlos son reales.
Se trata, por tanto, de casos muy apropiados para su manejo en el
aula y altamente motivadores ya que, incluso, permiten un cierto
juego creativo al relacionar lúdicamente los planos de la
realidad y la ficción. Por otra parte, resultan especialmente
adecuados para el aprendizaje de las capacidades necesarias para
participar discrepando, negociando y consensuando las soluciones
a los problemas que plantea a la sociedad el desarrollo tecnocientífico.
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